El pescador de la flor azul

Escrito el 20. Aug, 2008 por Lorenzo Chacón in Reflexiones





En la tierra de los Hogol, hace ya mucho, existía una pequeña aldea junto al mar. Su nombre poco importa, pues lo importante de ella es que allí vivió el pescador de la flor azul. Ya nadie recuerda su nombre verdadero, pues todos le llamaban "el pescador de la flor azul".

El pescador era un enamorado de las flores y en el jardín de su casa tenía las flores más bonitas de la comarca. Dicen las gentes que en ese jardín crecía una flor delicada y bella como ninguna otra, de un azul tan intenso que si la levantabas al cielo una mañana clara y soleada, se confundía con el azul del cielo y desaparecía de tu vista.

Este hogol pescador tenía una pequeña barca con la que salía todas las mañanas a pescar lo justo para poder sustentarse. Era una persona sencilla que se sentía feliz con lo poco que tenía y con su jardín de flores.

Cierto día, mientras estaba pescando en su barca pudo distinguir, no muy lejos de donde él se encontraba, algo que flotaba en el agua. Al fijarse mejor se dio cuenta que, fuera lo que fuera, estaba dando chapoteos y que se movía. Se acercó lentamente hasta el lugar y vio que se trataba de un pequeño delfín.

El pobre delfín estaba enredado en una vieja red que seguramente algún pescador había perdido. Luchaba por liberarse, pero sólo lograba enroscarse aun más en la tela que le aprisionaba. El pescador se lanzó al agua, se acercó al delfín, y como pudo le sacó de la red que le ataba. Y mientras lo hacía vio que el pobre delfín estaba magullado y que tenía un corte bastante grande en su aleta dorsal. Tenía también otras heridas, pero de menor importancia. Finalmente consiguió sacarlo y liberarlo de la red que le aprisionaba. Al sentirse libre de nuevo, el delfín nadó alrededor del pescador unas pocas veces y luego, sacando su cabeza del agua y mirando al pescador, lanzó un grito agudo que el pescador interpretó como un saludo.

Luego, el pescador volvió a subir a la barca y siguió con su trabajo, advirtiendo que mientras lo hacía el delfín trataba de seguirle trabajosamente, pues se encontraba muy débil. El pescador pensó que no tendría fuerzas suficientes para buscar comida y mirando de reojo el cubo de pescados que había recogido aquel día decidió tirárselos al pequeño delfín. Primero le lanzó un pescado y el delfín se acercó costosamente y comió el pez que le había lanzado. Luego el pescador lanzó otro pescado y el delfín hizo lo mismo que antes. Así fue que el pescador terminó por darle todos los pescados que aquel día había recogido y después de hacerlo regresó finalmente a su casa, saludando con la mano al delfín que ya había dejado de seguirle.

A partir de ese día el pescador se encontraba a menudo con el pequeño delfín.

Vio que lentamente el delfín se recuperaba y notaba que el vigor y la fuerza volvían a él. El delfín siempre le recibía con saltos y gritos. Al verle, el pescador sentía que una amistad había nacido entre ellos.

Y así pasó el tiempo y el pescador siguió haciendo su trabajo en el mar, en compañía de su amigo el delfín, mientras que en tierra seguía cuidando sus amigas las flores.

Una mañana el pescador salió como siempre de su casa y alzando la vista al cielo vio unas grandes nubes amenazantes. Las miró detenidamente intentando averiguar si eran mensajeras de tormenta o de calma. Miró la dirección que llevaban y vio que en realidad se alejaban del lugar. “La tormenta se aleja”, pensó. Así que como siempre montó en su barca e izando la pequeña vela salió a la mar. El mar estaba movido, pero en realidad no había en él nada fuera de lo corriente. Sin embargo se sintió extrañado de no ver a su amigo el delfín, y aunque lo iba buscando con la mirada, no conseguía verlo en medio del agua teñida de gris por la tenue luz que se filtraba de las nubes. El pescador, distraído buscando a su amigo el delfín, no advirtió que el viento cambiaba de dirección, haciendo que la tormenta volviera sobre sus pasos, echándose lentamente sobre la barca del pescador que cada vez se agitaba más fuerte a causa de la bravura del mar.

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